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domingo, 13 de febrero de 2011

“EMBORRASCADOS” EN MÁGINA.



INTENTO DE TRAVESÍA DE SIERRA MÁGINA
9/OCTUBRE/2010

Dancin´ in the rain
Dee-ah dee-ah dee-ah
Dee-ah dee-ah dee-ah
I´m happy again!
I´m singin´ and dancin´ in the rain!
Gene Kelly

Llego el otoño. El aire comienza a soplar más fresco y nuestra vista empieza a girar de nuevo hacia las montañas. Siempre me ha gustado comenzar la temporada montañera con alguna sobria pateada por una de las cercanas sierras que componen las cordilleras Béticas. Y como casi siempre suele ocurrir en estos casos, al final acabamos juntándonos un montón de amigos, incluidos los madrileños de la “Conexión Kanishe” (mi hermano Aitor “Kanishe", Gemma, Dani “Virutas” y mi primo Pepe “Cubano”). 

Esta vez hemos elegido la Travesía de los Dosmiles de Sierra Mágina, la compacta cordillera caliza que destaca en el centro de la provincia de Jaén. Allí, como aliciente extra, se sitúa el Pico Mágina, que con sus 2.164 metros constituye la mayor altura de esta provincia. Ponernos de acuerdo tanta gente no siempre es fácil, así que una vez elegidas las fechas, 9 y 10 de octubre, solamente toca cruzar los dedos y esperar que los “meteoros” nos favorezcan. Y se crea o no en la famosa Ley de Murphy, el caso es que durante la semana previa todos los meteorólogos, las pitonisas de todo montañero que se precie, han ido anunciando la inoportuna visita de una gran, grandísima, borrasca para las fechas elegidas. Pero, ¡qué coño!, por unas gotas de nada...

            Así, con toda la “meteo” en nuestra contra, salimos el sábado bien temprano camino de Huelma, donde nos esperan los madrileños. Tras un par de horas de viaje, a las 9:00, con puntualidad británica, llegamos a esta localidad jienense. A éstos, salvo Gemma que desayuna puntualmente, nos los encontramos todavía empiltrados. Parece que, entusiasmados por los bajos precios de las bebidas espiritosas por estas latitudes, no han podido resistirse a las tentación de “living la vida loca”. Y es que, como dice un buen amigo, éstos son de los que no pueden pasar cerca de donde lo venden. Mientras salen de las garras de Morfeo, nos vamos a desayunarnos un buen café con leche con su tostada de serrano, que con la panza llena la espera siempre resulta más liviana. Terminados los cafés, aparecen, primero mi hermano Kanishe y Gemma y, por último, los dos miembros restantes, más dañados por la marejada de anoche. Sin más retrasos, salimos en dirección a Cambil por la carretera que rodea el piedemonte de Sierra Mágina por su vertiente sur. Antes de llegar a Cambil, casi enfrente de la pequeña y casi oculta pedanía de Mata Bejid, nos desviamos a nuestra derecha por un empinado carril de tierra entre olivos, en bastante mal estado en su primer repecho. Ojo, no hay señalización alguna, por lo que es muy fácil saltarse este cruce. Esta es la pista que conduce a las ruinas del Castillo de Mata Bejid y, atravesando de sur a norte la sierra por el Puerto de la Mata, a la localidad de Torres.

El Castillo de Mata Bejid, a una altitud de 1.113 metros, se sitúa por encima de los olivares que rodean a esta sierra como un cinturón, constituyendo una especie de puerta de entrada al territorio serrano desde el sur. Hacia el norte, un magnífico bosque mixto de encinas y quejigos cubre las laderas hasta casi la línea de cumbres. Estamos en el valle que forma el Arroyo de Prados y por cuya margen izquierda sube zizagueando suavemente la pista que en principio vamos a seguir camino de las alturas de Mágina. Entre el verdor del bosque, el otoño empieza a asomar en los colores rojizos y ocres de las hojas de algunos arces, cornicabras y cerezos silvestres. Este es el mejor lugar para comenzar la travesía. Entre chistes vamos preparando “mochis”, mirando de soslayo a un cielo, que aunque calmo, luce cada vez más plomizo. Una vez listos, y aprovechando como reporteros ocasionales a una pareja de senderistas franceses con los que nos cruzamos, nos hacemos unas fotos de grupo con el castillo y la cumbre del Almadén (2.036 m), el único dos mil que no vamos a intentar, como telón de fondo.
Iniciamos la caminata siguiendo la pista que asciende camino del Puerto de la Mata (1.659 m). Pronto nos cruzamos con el coche del agente de medio ambiente, el forestal de toda la vida para aclararnos, que se detiene sorprendido ante tal procesión de montañeros adentrándose en unas cumbres que, rememorando el título de aquella famosa novela, comienzan a parecer cada vez más borrascosas. “¿Dónde vais con la que va a caer, criaturas?”, nos pregunta al tiempo que nos escudriña con una inquisitoria mirada, como  intentando averiguar los orígenes de nuestra insensatez. Cuando, en respuesta, le contamos nuestros planes de travesía y de hacer noche en el Refugio de Miramundos (2.077 m) no puede mas que despedirse con un “os vais a mojar” y continuar su camino, eso si, seguro de que semejante grupo de lunáticos tiene que haberse fugado de algún frenopático cercano. En las cercanías de las ruinas del Cortijo de Prados decidimos dejar la pista y, tras acercarnos a su fuente, casi seca, por cierto, atrochar un poco por en medio del bosque. Pronto volvemos de nuevo al camino forestal, donde disfrutamos de la belleza de los abruptos contrafuertes de la Peña de Jaén que se perfilan a nuestra derecha, tentadores y desafiantes. Mañana, con la moral propia del Club Deportivo Alcoyano, esperamos pisar su cumbre.

Caminando pista arriba alcanzamos un cruce donde aprovechamos para descansar un momento. El camino a nuestra derecha, continúa ascendiendo hacia un puerto (1.744 m) de nombre desconocido, desde donde bajando por el Barranco del Perú, se llega a la cortijada de Cuadros en la localidad de Bedmar. Tras hidratarnos y mineralizarnos, nosotros continuamos nuestra ascensión por la pista que sigue de frente, en dirección al Puerto de la Mata (1.659 m). Los perfiles redondeados de los cerros Ponce (2.066 m) y Cárceles (2.061 m) se dibujan cada vez más cercanos en nuestro horizonte. Pronto decidimos abandonar definitivamente el camino forestal y, girando a nuestra derecha, nos adentramos en las primeras rampas del Ponce. La vegetación resulta más densa de lo que aparenta y durante los primeros metros de la ascensión tenemos que corregir varias veces nuestra trayectoria para sortear el espeso matorral. Un bonito ejemplar de arce nos sorprende con sus tonos otoñales, aunque pronto la pendiente comienza a ponerse más seria y nos vamos olvidando de estas licencias poéticas. Es el momento de apretar el culo y echar la vista al suelo. Después de un escarpado tramo por un terreno algo descompuesto, iniciamos la parte final de nuestra ascensión por la amplia ladera sur. El aire que empieza a soplar viene cargado de humedad y las primeras gotas no tardan en empezar a caer. Parece que los del tiempo si que van a acertar esta vez. Mientras unos se paran a ponerse los chubasqueros, otros preferimos apretar el paso y abrigarnos en la cercana cima. Sin embargo, la montaña se empeña, como casi siempre, en tomarnos el pelo. Frente a nosotros, una redondeada cúpula cubierta de esparto nos invita a creer que la cumbre está ya a tiro de piedra, pero, ya se sabe, detrás de una loma viene otra, y a esta colina de rubia cabellera mecida por el viento le sucede un montaraz lapiaz de corta, pero brusca, inclinación que nos vuelve a invitar hincar la vista al suelo. Después de este corto tramo ya estamos en la cima ovalada del Ponce (2.066 m). Un hito de piedras y una endeble oxidada cruz de hierro marcan el punto de reunión, donde nos abrigamos y reponemos fuerzas antes de iniciar una precipitada huida. Las vistas son impresionantes: Al Norte, Torres y el Aznaitín (1.745 m) con su cumbre cubierta por un bonete de pesadas nubes, mientras que al Sur, a nuestra espalda, la descarnada mole caliza del Mágina y de la Peña de Jaén.


Pero la tempestad no se hace esperar y pronto empiezan a entrar espesos nubarrones que se quedan adheridos como lapas a las laderas norte del Ponce y Cerro Cárceles. Iniciamos el descenso por la empinada ladera este buscando el collado (1.866 m) que separa ambas cumbres. Las gotas iniciales se transforman rapidamente en aguacero y, poco antes de llegar al collado, nos vemos envueltos en una densa niebla. Pero, ante todo mucha calma. Dada la nula visibilidad, optamos por remontar por la vertiente oeste del Cerro Cárceles en busca de terreno más sencillo para la bajada. Algo por debajo de una cerca que rodea la cumbre del Cárceles, optamos por girar a la derecha e iniciar el descenso por la ladera sur. Más que lluvia, parece que alguien se hubiera dejado abierta la ducha. Si además unimos la escasa o nula visibilidad, la pendiente, el terreno algo descarnado y los zuecos de barro que se nos forman bajo las botas, nuestra bajada se hace realmente dantesca, con más de un espectacular traspiés, como el mortal sin red que se pega el amigo Antonio “4x4”.  Poco a poco vamos perdiendo altura y, a pesar de la niebla y la insistencia de algún aparato de orientación electrónica un tanto “desorientado”, finalmente alcanzamos el cruce con la pista por la que hemos subido desde el Castillo de Mata Bejid. Empapados o embebidos en agua, como se prefiera, nos disponemos a comenzar el descenso, cuando pasa junto a nosotros una “pick-up”.
 Aprovechando que lleva nuestra misma dirección, le cortamos velozmente el paso y apelando a la armonía del universo con todas sus criaturicas, logramos que su conductor, un santo, acceda a bajarnos. Así, apretados en el cajetín del todoterreno y disfrutando del diluvio que continúa cayendo, llegamos a nuestros coches donde nos espera la deseada ropa seca. Y, ya deshumedecidos por fuera, corremos como poseidos a Huelma a mojarnos, aunque esta vez por dentro, en sus bares. Camino de casa, en el coche, disfrutamos de un magnífico arcoiris. Y es que como dice aquel refrán, después de la tempestad siempre viene la calma.

ELGRUPO DE AGUERRIDOS MONTAÑISTAS ESTUVO CONSTITUIDO POR LOS "CAMEROS": MARIA DEL MAR RUEDA, ANTONIO “4X4”, JOSE OMAR Y JOSE SALAZAR Y LOS DEL COMANDO "KANISHE": AITOR “KANISHE” SALAZAR, PEPE “KUBANO”, DANI “VIRUTAS”, GEMMA TAMAYO


José Salazar
Club Almeriense de Montañismo




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