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sábado, 15 de julio de 2017

PICO VACARES

Ruta veraniega por sierra Nevada. Trevélez-Puntal de Vacares-Trevélez. 2017

SÁBADO 8 Julio - DOMINGO 9 Julio

Se trata de una ruta muy distraída donde los paisajes van desde el verdor ribereño hasta la desolación de las áridas cumbres.

Partiendo del pintoresco pueblo Alpujarreño de Trevélez  remontamos el rio del mismo nombre rodeados de una naturaleza espectacular que nos atrapa a medida que progresamos.

















Superada la tentación de quedarnos en alguno de esos idílicos rincones y olvidarnos del mundo continuamos para cumplir con nuestro propósito.


Llegados al paraje conocido como “El Horcajo”, punto de unión de los ríos Juntillas y Puerto de Jéres, empezamos la ascensión hasta encontrar la acequia de Vacares la cual seguimos en dirección  oeste para llegar a un punto donde el rio Juntillas recibe el aporte de los barranquillos procedentes de la “Pedriza de Vacares”.





Siguiendo uno de éstos barranquillos llegamos a la laguna de Vacares donde okupamos una corraleta.
















Cansados por la caminata cenamos y nos metemos en los sacos para intentar dormir un poco. El entorno se vuelve casi mágico cuando la luna decide invadirlo todo con su brillo. No es de extrañar que la laguna genere leyendas y mitos.

Esperando la llegada de morfeo hablamos de lo divino y de lo humano. Quizá sea el cansancio o la falta de oxigeno o quizá la necesidad de sacar lo que llevas dentro pero estos momentos se convierten en una experiencia impagable.

Por la mañanica temprano toca levantarse y volver al tajo. Coronamos el puntal de Vacares y seguimos por la cuerda cresteando y disfrtuando de las vistas.









































Bajamos hacia las lagunas de las Calderetas, continuamos hacia la cañada del Goterón. 

Llama nuestra atención la existencia de unos restos metálicos que resultan ser de un avión francés que se estrelló aquí en 1964.

 Remontamos la loma de la Alcazaba para empezar a descender hacia la Campiñuela donde comemos algo.

















Un veloz y exigente descenso nos lleva al pueblo en un santiamén. En una tasca del lugar reponemos líquidos perdidos durante la vertiginosa bajada y tras adquirir  algún souvenir con forma de jamón ponemos rumbo a casita, que pa mañana es tarde.

Como siempre es un placer compartir  vivencias montañeras con la gente del C.A.M.
En este caso el escogido grupo estuvo compuesto por las siguientes criaturas:
Nati, Elena, José Quillo y Emilio.

Imágenes cedidas por Nati, José Quillo y Emilio
Relato costumbrista-bucólico-pastorill: Emilio

Club Almeriense de Montañismo

8 y 9 Julio 2017

martes, 26 de julio de 2016

ENTRE LAGUNAS, CUMBRES Y VASARES

Charlando acerca de la excursión, mientras desayunábamos en Huéneja, no creo que fuéramos conscientes de lo que nuestros cuerpos iban a dar de sí. 

Partíamos del concepto de ruta “abierta y consensuada”, es decir, fuego a discreción. Ahí está la sierra y aquí unos amigos dispuestos a zascandilear por donde ella nos deje. 

Y así fue que el recorrido surgió entre decisiones razonablemente acertadas quedando todos bastante satisfechos.

















De la Hoya de la Mora, cuyos aparcamientos estaban abarrotados, comenzamos a subir hasta el Veleta. La altura y el poco descanso de la noche anterior, en algún caso, van haciendo mella en el personal pero un ibuprofeno y una buena conversación montañerística hacen milagros. 

Al llegar a las posiciones nos asomamos al corral del Veleta a comtemplar las nortes y hacernos una idea de por donde vamos a andurrear.





Una vez alcanzada la cumbre, tras un trago de poción mágica y las obligadas fotos, proseguimos camino hasta La Carihuela, en cuyo refugio reponemos fuerzas con algún alimento más contundente. 




Bajamos por el paso de los guías y continuamos por la pista hasta el atajo que nos permite acceder a la laguna de La Caldera evitando rodear Loma Pelada y pasar por el refugio Pillavientos. 






















En La Caldera hacemos una parada para decidir si acampar por allí o continuar. 

Tras ver las posibles alternativas de la ruta, y ante la ausencia de agua para recargar las cantimploras y la presencia de viento incómodo, optamos por continuar hasta el Collado del Ciervo y bajar a La Laguna de la Mosca para pasar la noche allí. Dicho y hecho. Por cierto, bajando nos cruzamos con "la familia de Jaén", viejos conocidos desde la época en que el club organizaba las  travesías de resistencia.





Ésta laguna, la de La Mosca, y su entorno es de lo más espectacular de la Sierra. Resguardados del viento por la imponente cara norte del Mulhacén disfrutamos de una noche casi mágica. Cenamos compartiendo alimentos y sentimientos. 


Al ocultarse el sol tras las montañas la temperatura empieza a descender de manera súbita y nos abrigamos dentro de los sacos. Un ligero primer sueño y al abrir los ojos podemos contemplar el cielo más impresionante que recuerdo. Primero inundado de estrellas y luego iluminado por una luna que, aún sin estar llena, luce como nunca haciendo parecer que ha llegado el día. 
La noche trascurre tranquila salvo por la visita inoportuna de un pequeño zorro empeñado en aligerar el peso de nuestras mochilas. 
El termómetro baja a 6º C, pero la ausencia de viento hace que no tengamos sensación de frío. 


Temprano en la mañana vamos saliendo de los sacos poco a poco y acicalándonos para afrontar una jornada de pura montaña veraniega. 



Nos adentramos en el Vasar de la Alcazaba superando espolón tras espolón hasta llegar a un punto que nos parece accesible para atacar la cumbre. Queremos evitar llegar a los Tajos del Goterón y mucho menos tener que ir hasta la Piedra del Yunque. Eso nos retrasaría bastante y a la vez incrementaría los kilómetros de la ruta. 


Lenta pero paulatinamente vamos ascendiendo. Por momentos, avanzar resulta penoso y algo expuesto. Nos vemos obligados a ir superando pasos delicados hasta que al fin alcanzamos, de manera insoslayable, la cima de La Alcazaba. 
Fotos de rigor y satisfacción por lo logrado. 

Es de lamentar el percance que sufre un componente del grupo al impactar una piedra suelta contra su nariz. A pesar de sangrar abundantemente no le oímos quejarse ni una vez y concluye la ascensión como si nada. 

El descenso es rápido. Ya en el coladero hacemos una media ladera hasta el collado que comunica Siete Lagunas con La Mosca. Bajando en dirección a ésta giramos pronto a la izquierda para coger el Vasar del Mulhacén, estrecha repisa que cruza la cara norte del gigante peninsular. 
Pasamos por algún que otro lugar donde es mejor no mirar para abajo y por supuesto está prohibido tropezar. 







Nos refrescamos con el agua que sale de la Fuente del Viejo Lobo y seguimos, poniendo todos los sentidos en cada paso hasta salir a la arista Oeste de ésta mole rocosa, a cuya cumbre hemos de renunciar por cuestiones de horario. 








Hacemos el camino de vuelta por donde hemos venido. 


Comoquiera que es tarde y las fuerzas son pocas, nos planteamos bajar en la lanzadera. 
La disyuntiva es: “Lanzadera y bajar rápido para poder disfrutar de una merecida cervecita o bajar andando de manera lastimosa hasta los coches para volver a Almería sin hacer la paradita de rigor”. 
No considero necesario aclarar que ocurrió. 

En definitiva, fin de semana completo y repleto de sensaciones extraordinarias. Gracias a todas y cada una de las criaturas que han compuesto el grupo de entusiastas montañeristas. 

Elena, Carmen, Dionis, Isaac, José “el quillo” y Emilio.

Relato costumbrista: Emilio
Fotos: Isaac, Carmen, Dionis, Emilio.
Club Almeriense de Montañismo 2016
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CLUB ALMERIENSE DE MONTAÑISMO (Fundado en 1972)




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