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domingo, 26 de enero de 2014

ESCALANDO EN EL TAJO DE LA CHORRERAS NEGRAS (NE PICÓN DE JERES)

ESCALANDO EN EL TAJO DE LA CHORRERAS NEGRAS (NE PICÓN DE JERES)
12/OCTUBRE/2013

“Sabe más el diablo por viejo que por diablo” sentencia un conocido refrán y es que la experiencia es siempre un grado en la montaña como nos demostró el compañero Gelín  en el Tajo de las Chorreras Negras (NE Picón de Jeres). Esta zona, en la que ya hemos escalado varias veces, especialmente con nieve, siempre nos ha llamado la atención por su potencialidad alpina. Así que para allí nos fuimos un sábado de principios de otoño con la idea de trepar un rato y, de paso, reconocer el terreno con vistas al próximo invierno.






















Con muy buena temperatura comenzamos la aproximación al tajo desde el Refugio de Postero Alto. El recorrido es corto y bastante cómodo, salvo en las últimas y un tanto ásperas rampas. Nos situamos en la base de un amplio corredor, desde donde Gelín otea un par de lejanas chimeneas que destacan a la derecha por encima nuestra. A Antonio y a mí nos impresionan esas estrechas y verticales fisuras, oscuras cual boca de lobo, que parecen querer engullirnos como a tiernos cordericos. Por ello, con la precaución de todo buen cagueta, optamos por continuar con la idea inicial que traíamos que no es otra que comenzar la escalada por una angosta y sombría canal situada un poco a la izquierda del corredor principal. Se trata de un recorrido que escalamos hace ya unos cuantos años y que, medio en broma, bautizamos con el jocoso nombre de “El Musgo el Alpinista” por la frondosidad herbácea que cubría sus pasos más críticos. Se caracteriza por un aspecto bastante caótico y una escasa calidad de la roca que lo hace más idóneo para invernales. Montamos una reunión y Antonio inicia la escalada, mientras Gelu y yo temblamos un poco ateridos por el frescor matutino. La vía no presenta ninguna dificultad remarcable, salvo un estrechamiento con mala roca cubierto de hierba y musgo, como corresponde a su renombre, complicado de asegurar. Antonio se esmera en este tipo de terreno donde sabe moverse con soltura y confianza. Superado este escalón, se sale caminando hasta montar una primera reunión en una amplia y cómoda grada soleada. En total, salen unos 30 metros con un grado de V-.






Una vez reunidos los tres, desmontamos esta reunión y en ensamble nos movemos unos pocos metros a nuestra derecha para montar una nueva reunión en una pequeña repisa. De nuevo, Antonio dirige la cordada en una escalada que ahora discurre en travesía prácticamente horizontal hacia la derecha a lo largo de una estrecha vira y que nos va acercando a las chimeneas que observábamos al comienzo de la mañana desde la base del corredor. Es un terreno sencillo, aunque un par de resaltes obligan a no relajarse si se tiene en alguna estima la dentadura y poco aprecio por los dentistas. En este segundo largo empleamos los 60 metros de las cuerdas con un grado de IV+.

Una vez reagrupados, nos movemos hasta colocarnos justo debajo de una profunda chimenea algo inclinada hacia la izquierda. Allí encontramos un clavo que nos sirve para montar reunión y que parece querer indicarnos claramente que el camino a seguir hasta la cumbre pasa por esta oscura y profunda brecha. Antonio comienza la escalada, aunque, poco convencido decide abandonar la chimenea y probar un diedro a su derecha. Pero tampoco este diedro se deja superar fácilmente, así que finalmente decide descolgarse de un “friend” y dejar que el Maestro “Gelín” le pegue un tiento a la susodicha chimenea. Y nuestro compañero nunca deja de sorprendernos en estos lugares donde la montaña muestra sus dientes. Rememorando su juventud asturiana, Gelu progresa a lo largo de la chimenea, desapareciendo de vez en cuando en su interior para meter algún que otro seguro. Casi sin darnos cuenta supera este último largo del día con una facilidad pasmosa. Una vez montada la reunión, es mi turno para disfrutar de la escalada de chimenea, tan poco habitual en estas zonas. Resulta un magnífico largo de unos 30 metros y un grado de V+.








Tras recuperar el “friend” abandonado en el intento al diedro, ya sólo nos queda regresar a por el material que dejamos al pie del primer largo para, más felices que unas perdices, desandar el camino recorrido esta mañana. Mientras lo hago, no dejo de recordar ese viejo refrán con el que encabezo esta breve crónica. ¡Menudo diablo el Gelín!
Grupo de avezados montañistas: Ángel Álvarez “Gelu”, Antonio Fernández “4x4”, José Salazar

José Salazar Villegas

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