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domingo, 31 de mayo de 2009

*ENTREVISTA AL PRESI


Para abrir boca comenzamos con una corta pero jugosa entrevista al  presidente del Club.

sábado, 30 de mayo de 2009

martes, 26 de mayo de 2009

SUBIDA NOCTURNA AL CHULLO.


Nuestra compañera Carmen Romero nos deja este relato de lo que fue una magnífica noche montañera.



Quiero destacar que para mi lo más emotivo fue la presencia de Ángel Romero, padre de Carmen. Dá gusto ver como sube y como sabe disfrutar de la montaña, y nosotros con el.


Carmen dice: "El Viernes siete de agosto quedamos en

primera convocatoria a las ocho en el club y en segunda en el bar del cruce de Dólar, más o menos sobre las nueve para coger las pilas para subir al Chullo

Pensamos que íbamos sobre ocho o diez pero nos juntamos creo que 20, es decir el bar a tope.



Mi padre, Angel Romero que a sus 78 años subió estupendamente, iba bien ilusionado.


La noche perfecta y la luna también.

Algunos más rápidos y otros más lentos llegamos a la cumbre del Chullo contentos y helados porque corría una rasca increíble.




El año que viene a repetir."


lunes, 18 de mayo de 2009

HIELO 2006 - ALPES

Este es un relato abreviado de “la excursión” que hice junto al
amigo accitano Antonio a los Altos Alpes franceses para escalar
sobre sus afamadas escuelas de hielo.
Tras varios intentos para ir a escalar sobre las incomparables
cascadas del circo de Gabarnie, no la falta de hielo, sino la
sobreabundancia de nieve sobre las terrazas superiores de las
cascadas nos obligaron a cambiar de objetivo, a cambio eso sí, de
tener que hacer muchos más kilómetros a cambio de menos
escalada para llegar nuestra deseada nueva meta.
Contábamos con escasamente una semana, incluidos los dos días
de viaje del mes de febrero, exactamente entre el 21 y el 26. Así
que rezábamos para que el tiempo “se portara” y pudiéramos
aprovechar “a tope” los cuatro días que realmente nos quedaban
para “pinchar”.
Partimos la madrugada del lunes desde Guadix donde me
trasbordo al coche de Antonio. Él ha dormido algo así que yo
aprovecho para echar una cabezadita. Pasamos la Península a
base de dejar billetes en los peajes y gasolineras. Nuestro
primer destino es localizar el refugio en el que centralizaremos
nuestras futuras actividades. Este no sabemos exactamente
donde se encuentra solo que dentro del término municipal de
Crots, municipio sito en el camino a la cercana frontera con Italia
y cercano a ciudades como Embrun y Briancons.
A base de fallos y semiaciertos conseguimos dar con la “guîte”
“la Draye”, que se haya en un ambiente auténticamente alpino,
rodeada de picos, bosques y la tan temida abundancia de nieve,
que hace temer a Antonio una “encerrona” en caso de “que se
lie”. El lugar y su ambiente puede más que el temor y hacemos el
traslado de la abundante “impedimenta” hacia nuestra coqueta y
cálida habitación.
Antonio ya ha estado por estos lares y es el que ha programado
el orden de las cascadas que vamos a escalar. Para la primera
jornada vamos a ir a un farallón que tiene varias pero entre las
que sobresalen dos que serán nuestro objetivo en las dos
primeras jornadas.
A las 5 de la mañana suena el despertador y sin pereza bajamos
al comedor para hacer acopio de un abundantísimo y variado
desayuno. Partimos de noche cerrada. Nos dirigimos a la estación
de ski de Ceillac, donde comienza a clarear y en la quietud
absoluta hacemos el corto acceso que nos lleva a “Les formes de
chaos”, cascada de resaltes de 300 metros – III/4.
No es difícil y el hielo en general es compacto. Por supuesto no
estamos solos por mucho rato y aparecen otras cordadas que
toman variantes diferentes, así que todo se desarrolla en
armonía.
Una vez en la cumbre conseguimos dar con una pisoteada
vereda de nieve que nos devuelve a pié de vía y al parking donde
debido a la oscuridad habíamos dejado el coche mal aparcado.
Pedimos “disculpas mil” y nos libramos “de una buena”.
En esta época se desarrolla una “semana blanca”, que hace que
la estación esté “a tope” y haya montones “de rebaños”
consistente en un ducho monitor seguido de “una retahíla de
imberbes” a su espalda formando un gracioso y liliputiense ballet.
Regresamos al refugio donde ponemos todo el material a secar
cerca de los radiadores, tomamos unas “birras” mientras
hacemos acopio cultural en una coqueta y “afrancesada”
biblioteca, junto a la calidez de la chimenea. Tenemos nuestra
primera amena y enriquecedora charla con Jean Marc, a la sazón
dueño de la guîte, hispano parlante y montañero, fotógrafo
excepcional y consumado andinista.
Tras la opípara cena nos retiramos razonablemente temprano,
para nuestra segunda jornada alpina. De nuevo iremos a la misma
escuela, pero cambiando de cascada ¡claro¡. Esta vez haremos una
más corta pero de mayor nivel. “Sombre Heros”, 100 metros
II/5, será “nuestra pareja” por unas horas.
Es más fina y más fotogénica. Tras hacer la cascada, “jugamos”
un rato sobre una chorrera con seguros fijos en la roca.
Recibimos, por supuesto, la visita de otras cordadas, pero de
nuevo en armonía.
En la madrugada del viernes 24 y tras desayunar, esta vez
cambiando de escenario recalamos en un barranco muy cercano a
nuestro refugio y también próximo a una estación de ski, en este
caso “Les Orres”.
Ya desde enfrente vemos que esto va a ser otra cosa, eso sí
contamos con la ventaja de que Antonio ya ha surcado la elegante
cascada, con tres verticales resaltes llamada “Dancing fall”, 100
metros II/5.
En esta ocasión nos adentramos en un lugar más apartado y
montañero, aunque entrada la mañana nos llegaran los ruidos de
autocares, voces y remontes, pero lejanos.
Tras una aproximación más entretenida nos situamos bajo un
primer resalte realmente vertical y con hielo de calidad. Un grajo
nos saluda amistosamente. Día fantástico.
La escalada en algunos tramos juega con la roca de un espolón.
Los seguros entran y salen bien. Nadie viene a turbar nuestra
actividad. La verdad es que sería peligroso para otra cordada, ya
que lo que cae, aunque no es mucho toma rápidamente la vertical
hacia pié de vía.
Una vez en la cumbre unos rápeles nos llevaran de nuevo “al
suelo” y de aquí “a casita”.
Visita turística a Embrún por la tarde y tras un nuevo rato de
“cultura gabacha”, de amena charla andina con Jean Marc, cena
contundente, variada y sabrosísima y a dormir.
Para el último día de escalada dejamos el más conocido “valle
de Freissinieres”. Ya es sábado y mañana deberemos estar en
nuestra tierra para que Antonio pueda y a “cumplir” con sus
obligaciones el lunes.
Esta nueva zona se encuentra más retirada de nuestro refugio,
pero ofrece muchísimas posibilidades, aunque la mayoría “de
nivel”.
Pasado un pueblecito de cuento llamado “les Viollins”, “pié a
tierra”. Allí damos con otros “osados” que se dirigen a
“engarrancharse” por “los chupones”.
Sin prisa cada uno tira pa su sitio. Nosotros hacemos una visita
por una cómoda pista que recorre el valle para ver que haremos,
finalmente decidimos regresar y hacer una vellísima cascada que
se encuentra frente y por encima de “les Viollins” y que se llama
“Cascada des viollins” 150 metros – III/6, pero al llegar vemos
que ya hay otra cordada, más eso nos amedrenta y decidimos
entrar por una variante quizás menos elegante, pero quizás más
complicada que hay a su izquierda.
El hielo es superior. El patio sublime, y el ambiente total.
Realmente todo en este singular enclave es fantástico. Por
suerte en el descenso llegamos “al suelo” sin tener que montar un
descuelgue sobre “abalakov” como intuimos al principio.
Tras consultar en un ciber/café de Embrun sobre las
condiciones del tiempo para nuestro inminente regreso “a la
patria”, hicimos nuestra “última cena”, despedidas, reunificación
del imponente esturreo de todo tipo de materiales y pertrechos
por nuestra ya añorada morada. Nuevo y madrugador despertar.
Ultimísimo desayuno y “carretera y manta”.
La lluvia nos acompañó persistente en nuestro rápido
deambular y cercana a la localidad granadina de Baza, casi no
deja bloqueados en un nevazo imponente y un caos
automovilístico. Con mucha suerte y decisión pudimos
“volatilizarnos” del embrollo y llegar a Guadix. Cambio de la
impedimenta y un rato después aquí me tenéis, para que lo que
gustéis (esto último es solo una frase ¡eh¡).
Algunos datos (posiblemente) de interés
Datos kilométricos:
De Guadix a la frontera francesa: 983 kilómetros.
Desde Guadix a la guìte d´etape “La Draye”: 1.510 kilómetros.
Desde “la Draye” hasta la estación de “Ceillac”: 50 kilómetros.
En aproximaciones a las zonas de escalada: + - 500 kilómetros.
Total ida y regreso: + - 3.500 kilómetros.
Otros datos:
Gasto gasoil total: 270 euros.
Gasto peajes total: 165,70 euros.
Gasto estancia guîte la Draye (5 días media pensión): 349 euros
Total gastos comunes:
Gasolina; Peajes; Estancia y otros varios: 934, 36 eurazos.
Emilio Ibáñez Allera

LA INTEGRAL DE FUENTES CARRIONAS (CORDILLERA CANTÁBRICA)




8-10/JULIO/2007

A Carlos Castellana, que estará en alguna
de las montañas que tanto amaba


¿La Integral de Fuentes Carrionas?¿Dónde se han metido estos tipos?. La verdad es que
desde siempre nos ha gustado explorar las montañas de nuestra Península y hemos sentido
una especial atracción por los rincones montañosos más salvajes y solitarios, como esta
esquina del Noroeste de la provincia de Palencia. Empecemos, pues, con un poco de
geografía.
Las Montañas de Fuentes Carrionas
Las montañas de Fuentes Carrionas se sitúan en la vertiente meridional de la Cordillera
Cantábrica, enlazando al Oeste con las montañas de León y al Este con las de Burgos.
Mientras que por el Sur conectan con las llanuras de la meseta castellano-leonesa, su línea
de altas cumbres constituye la divisoria topográfica e hidrográfica, que en el límite con la
provincia de Santander, da paso a las vertientes septentrionales de la Cordillera Cantábrica,
con los Picos de Europa como imponente telón de fondo. Además, esta impresionante
orografía nos ha regalado a los montañeros algunos de los picos de mayor altitud de toda la
cordillera, entre los que se encuentran dos pequeñas joyas: El Curavacas, que con los 2.520
metros de su cima Este constituye el techo de la provincia de Palencia, y el elegante
Espigüete de 2.450 metros.
La Integral (o, mejor dicho, intento) de Fuentes Carrionas
El día ha amanecido despejado y fresco, muy fresco para las temperaturas a las que
estamos habituados en el tórrido mes de julio del sur. A las 8 de la mañana estamos dejando
la localidad de Vidrieros, punto de partida de la travesía, situada a 1.351 metros de altitud.
Los escasos 3°C que marcaba el termómetro del coche nos animan a caminar con alegría a
pesar de nuestras abultadas mochilas. La silueta del Curavacas por su cara sur se me
asemeja a un oscuro castillo, con sus tres cimas, numerosos gendarmes y abruptos
contrafuertes, como almenas defensivas que quisieran cerrarnos el paso. Nosotros vamos a
subir por la ruta normal de ascensión, la vía conocida como “Callejo Grande”, con
orientación sureste y que queda a nuestra derecha.
Comenzamos a caminar por una pista paralela al Arroyo Valdenievas, para en poco
tiempo, tomar otro carril a nuestra derecha que asciende parejo, esta vez, al cauce del
Arroyo de Cabriles. De momento, la ascensión es cómoda y vamos ganando altura sin
grandes esfuerzos. Desde que abandonamos Vidrieros se nos ha unido al grupo un joven
can que parece tener aspiraciones montañeras. Pronto abandonamos el carril, que cruza el
Cabriles y se aleja a nuestra derecha, y continuamos junto al arroyo por un sendero que en
algunos tramos se confunde con el propio cauce. Casi en su nacimiento cruzamos el
Cabriles y comenzamos a ascender por pendientes ya más severas hacia el “Callejo
Grande”, un amplio corredor situado entre el Espolón Central Derecho y la Cresta Sureste
del Curavacas. Pronto empiezan a aparecer las grandes terreras de cantos rodados tan
características de esta gran mole de conglomerado que es el Curavacas. Es hora de decirle a
nuestro amigo de cuatro patas que debe regresar a casa, aunque más que nuestros
razonamientos, son unas piedras lanzadas, eso si, con ternura, las que acaban
convenciéndolo. Aunque hay senda marcada, caminar por algunos tramos de las pedreras se
hace bastante tedioso. Aún así, disfrutamos de la perspectiva que vamos ganando con la
altura. El Embalse de Camporredondo y la localidad de Triollo, que empiezan a asomarse
tímidamente a nuestras espaldas, contrastan con los cada vez más cercanos bloques de
conglomerado casi negro que se levantan enfrente nuestra y por los que empiezan a colarse
blancos nubarrones.
Poco a poco vamos virando hacia la derecha y entrando en el “Callejo Grande”. El
aspecto del corredor es sombrío, espectacular, cerrado a ambos lados por escarpadas
paredes oscuras, granulosas y recubiertas de líquenes verdes que le dan una coloración muy
especial a esta tan particular roca. La inclinación va incrementándose. Nosotros subimos
por terrazas recubiertas de hierba, pegados a su lado derecho, bajo los escarpes de la arista
sureste. Aunque se trata de una ruta muy caminada, hay que mantener la atención, sobre
todo en el tramo final, donde tras pasar una estrecha portilla, cambiamos de vertiente para
tomar la cresta cimera por el nordeste. Hacemos los últimos pasos hasta la cumbre
envueltos en hileras de nubes que, arrastradas por el viento, dan al “Veterinario del Alto
Carrión”, como jocosamente apodaba al Curavacas una conocida revista de montaña, un
ambiente muy alpino. La pena es que estos mismos nubarrones no nos dejan disfrutar de la
panorámica de los Picos de Europa, amen de provocar algún que otro despiste, como el del
amigo Gelín, al que divisamos desde la cima en elegante, pero equivocada, escalada a un
escarpado gendarme y al que corregimos a costa de nuestras sufridas gargantas.
El tiempo se mantiene fresco, con un curioso contraste entre la vertiente septentrional,
donde las nubes parecen querer quedarse abrazando las empinadas pendientes, y la
meridional, donde el horizonte permanece totalmente despejado hacia la llanura castellana.

Disfrutamos de la cumbre, no en vano han sido casi 4 horas de ascensión y 1.200 metros de
desnivel cargados con pesadas mochilas, y, después de reponer fuerzas y fotografiar todo lo
fotografiable, emprendemos de nuevo ruta en dirección Oeste. Buscamos la “Cresta de la
Curruquilla”, aunque decidimos evitar las cumbres principal y occidental del Curavacas que
bordeamos por unas viras muy aéreas y espectaculares. Afortunadamente, todo este
laberíntico camino está perfectamente balizado con hitos de piedra (magnífico, por cierto,
trabajo de los montañeros palentinos). Así nos plantamos en el Collado de la Curruquilla
(2.290 m) y desde allí decidimos dejarnos de mariconadas y continuar por toda la línea de
cumbres. El Pico de las Curruquillas (2.414 m) y el Postil de Soña (2.217 m) se suceden en
un continúo subir y bajar por un terreno duro, casi lunar, que va minando poco a poco
nuestras fuerzas. En un pequeño collado nos detenemos a reponer “gasolina”. Bajo nuestros
pies, en la vertiente norte, se asoma el Pozo del Vés, otra de las lagunas glaciares de la
zona, y enfrente las duras rampas del Pico de la Hoya Continúa (2.392 m) nos anuncian una
sufrida sobremesa. Se trata de apenas 200 metros de desnivel, pero el cansancio acumulado,
como si de un alucinógeno se tratara, lo desfigura, deforma, dándole un aspecto
sobrecogedor. De hecho, estudiamos la posibilidad de escaquearnos y circundar la cumbre
por la derecha, pero la realidad es terca y no nos queda otra que siguiendo los hitos de
piedras, hacer cima. Dejamos atrás el cruce con el Cordal del Tejo que viene desde las
Canchas de Ojeda (2.193 m) al Suroeste, y continuamos en dirección norte y descenso
continuado hasta el Collado del Vés (2.060 m). La litología empieza a volverse caprichosa
y el lóbrego conglomerado va dejando paso a bandas de caliza y, posteriormente, pizarras.
Peña Prieta queda aún muy lejana y las horas empiezan a acumularse en las piernas, por
lo que una vez en el collado, tomamos unánimemente la decisión de abandonar la integral y
manteniendo la altura, bordear la línea de cumbres por la izquierda (oeste) en busca de
algún buen lugar para vivaquear. El terreno no es sencillo, vamos a media ladera por
vereas, por llamarlas de alguna forma, hechas por el ganado y los resbalones son
frecuentes. Un grupo de rebecos corre delante nuestra como queriéndonos demostrar lo
torpes que somos en estos terrenos. Finalmente, cuando la marcha se va haciendo cada vez
más agónica, damos con un sendero balizado con hitos de piedra, que en descenso nos
conduce a la imponente Laguna del Pozo de las Lomas, justo bajo las Agujas de Cardaño.
El sitio es para nosotros después de 11 horas de duro caminar, un auténtico oasis de una
belleza sobrecogedora. Además, la geología nos depara otra sorpresa, pues la roca que
ahora asoma es granito. En una pequeña pradera en su misma orilla, montamos el
campamento y después de una buena cena, nos metemos rápidamente en los sacos, ya que
el frío empieza a arreciar.
La Arista Este del Espigüete
Amanecemos tempranito y tras cortas deliberaciones decidimos abandonar
definitivamente la Integral de Fuentes Carrionas. Por buena senda bajamos hacia Cardaño
de Arriba y desde allí continuamos por la carretera hasta el Parking de Pino Llano (1.340
m) bajo la elegante arista Este del Espigüete. Enseguida nos asalta la duda de por dónde
subir: entrar por el Arroyo Mazobres en la vertiente Norte, o intentar la bonita cresta que se
levanta ante nuestros ojos. Finalmente, aconsejados por un ciclista, buen conocedor del
terruño, nos decidimos por la crestería Este-Oeste, “la mejor ascensión al Espigüete en esta
época del año”, según sus propias palabras.
Salimos por la senda del Mazobres y enseguida tomamos un desvío a la izquierda muy
bien señalizado con hitos de piedras. De este modo entramos de lleno en la arista y
comenzamos esta vertiginosa ascensión. Resulta fácil orientarse, basta con seguir la cresta
y, aún así, numerosos hitos de piedras te marcan el camino más sencillo. A medida que
ganamos altura, el terreno empieza a afilarse y un amplio panorama se abre a nuestras
espaldas, con el Embalse de Camporredondo al Sureste y un lejano Curavacas, de donde
venimos, que despunta por el Noreste. En un amplio hombro, superado el “Primer
Gendarme”, aprovechamos para hacer un alto y comer un poco. La Cima Este del Espigüete
ya asoma altiva y aún lejana. La parte que nos queda resulta aún más divertida y vibrante.
Espectaculares llambrias de una caliza de excelente adherencia, pequeños gendarmes que
nos exigen cortas trepadas y destrepes, afilados tramos de arista en los que caminas con un
pie en la vertiente Norte y el otro en la Sur, y al fondo, las dos cimas de esta esbelta
montaña que parecen querer hacerse de rogar. Se trata, en resumen, de un terreno
técnicamente sencillo (la vía está catalogada como P.D.), con muy buena roca, pero aéreo,
de los que provocan en el montañero sensaciones entrañables. Poco a poco, con los Picos
de Europa envueltos en densos nubarrones asomando al Noroeste, nos vamos acercando a
la Cima Este (2.444 metros). Desde allí, bajamos a un pequeño collado donde dejamos las
mochilas, y en pocos minutos estamos en la Cumbre Oeste y principal (2.451 metros) de
esta bellísima montaña palentina, que nos ofrece, además, el privilegio de disfrutarla en
soledad. Han sido 4 horas y media de continúa ascensión, pero tanto la vía, como el paisaje
y la cima, han compensado con creces el esfuerzo realizado.
Pero no hay mucho tiempo para recrearse en florituras, que aún nos queda un largo
descenso hasta Cardaño de Abajo. Hemos decidido bajar por la “Vía de la Pedrera” que,
partiendo del collado que separa ambas cimas, recorre la gran pedrera del centro de la cara
Sur. Incomodísimo, no se me ocurre otro adjetivo para calificar este endemoniado descenso
por terreno muy inestable, que provoca más de un resbalón e, incluso, culazo. Una vez
fuera del corredor, una hora adicional de pisteo y estamos en Cardaño de Abajo, donde
corremos a refugiarnos en el primer y único bar de esta minúscula aldea de montaña. Han
sido finalmente 10 largas horas de marcha y la birra nos sabe a auténtica ambrosia, pero
aunque la tentación es grande, no es aún tiempo para relajarnos completamente ya que
tenemos el coche en Vidrieros, distante unos 18 kilómetros por carretera y por aquí el
tráfico es bastante escaso a partir de ciertas horas, con lo que el tema del socorrido autostop
se complica considerablemente. Continuamos ya por la carretera hacia Puente Agudín,
situado a un kilómetro de distancia, en el cruce con la carretera de Cardaño de Arriba,
donde, además, hay un bar. Creemos que es, pues, el sitio ideal para intentar que nos recoja
algún buen samaritano sin por ello renunciar a los placeres de la cerveza. Pronto
descubrimos que el bareto está chapadísimo, lógico por otra parte, dada la escasez patente
de parroquianos. Pero la diosa fortuna viene en nuestro auxilio y uno de los poquísimos
coches que circulan a estas ya tardías horas se detiene ante los gestos implorantes del Gelín
(y a pesar de su pinta, que dos días en el monte hacen lo suyo) y se lo llevan hacia
Vidrieros. Mientras, nosotros aprovechamos para refrescar, y nunca mejor dicho, los
pinreles en las frías aguas del Arroyo de las Lomas, estirar los doloridos músculos, tirarnos
en el verde prado y fantasear con el festín que tendrá lugar en este mismo sitio el próximo
fin de semana con una gran chorizada y concurso de tortillas como platos fuertes que nos
hacen babear como el perro de Paulov.
El Descanso del Guerrero
Gelín no tarda mucho en aparecer y, ya motorizados, continuamos hacia Vidrieros. El
hambre empieza a cosquillear en nuestros desnutridos estómagos y nos deleitamos soñando
con todo tipo de buenas viandas bien regadas de tintorro. En eso estamos cuando tras una
cerrada curva aparece ante nosotros la sugerente silueta, cual grácil sirena, de un
restaurante. Frenazo al canto y, como abducidos, entramos en busca del anhelado banquete.
Devoramos unos buenos menús, dando cuenta del correspondiente ½ litro de vino per
cápita que Gelu nos explica que corresponde por comensal, y, tras los postres, probamos el
famoso orujo de esta tierra. Casi rozando la exaltación de la amistad dejamos el “Hotel-
Restaurante Miralba” (Alba de los Cardaños), que así se llamaba el lugar, y entre grandes
abrazos nos despedimos del propietario, sus perros y sus escasos clientes, una familia que
conocimos esta misma mañana, por cierto, al pie del Espigüete.
Entonando, o al menos intentándolo, alguna que otra coplilla de las que suenan en el
radio-casette (bueno, mp3, que tecnológicamente hablando estamos a la última), llegamos
al Refugio de Pescadores de Vidrieros, nuestro acogedor hogar por esta noche. Preparamos
nuestros sacos y pronto, sin casi darnos cuenta, caemos en un profundo y reparador sueño.
Nos resulta difícil dejar los sacos, pero poco a poco vamos desperezándonos. Los
músculos, ahora en frío, se sienten más doloridos que anoche cuando estaban algo
anestesiados por el orujo, y nos hacen ser conscientes del esfuerzo realizado en los dos días
de travesía. Tomamos un buen desayuno, que hay que reponer energía, y nos vamos
dispersando a lo largo de la orilla del río para pegarnos un baño y así intentar
desprendernos de parte de la mugre acumulada tras las dos jornadas de monte. El día ha
amanecido espléndido y los rayos de sol empiezan a caldear el ambiente. Todo empuja al
baño, salvo...el agua, que baja fría de cojones. Pero como este mundo no es para cobardes,
y, además, olemos como hurones, no nos queda otra y entre fuertes alaridos nos
zambullimos en las gélidas aguas del Carrión de las que salimos con las pelotas del triste
tamaño de unas canicas.
El Roblón de Estalaya
Bien maqueados, nos despedimos de estas bonitas montañas y salimos hacia Cervera
del Pisuerga, donde tenemos que reponer varios víveres de primera necesidad, llámense pan
y vino. Mientras Gelu busca con poco éxito unas mallas que sustituyan las que ha traído,
algo estropeadas, por decirlo suavemente, por los vetustos comercios de la calle principal
de Cervera, nosotros compramos el pan y paseamos placidamente bajo los soportales. Para
comprar el vino nos acercamos al “Bar Cascarita”, una bodega bastante cutre, pero de lo
más típico, donde venden de casi todo, dan de comer y, por supuesto, sirven vino y cerveza.
Y como dijo aquél que no podemos pasar por donde lo venden, pues caen unas cervecitas
acompañadas de un rico plato de bonito en escabeche, mientras entramos en animada charla
con un ex legionario buen conocedor de la flora de estas montañas y que no se resiste a
darnos con su cascada, aguardentosa voz de cabo chusquero algún que otro consejo por si
nos sorprende la niebla en las alturas, “cuerpo a tierra y no moverse, que de valientes están
los cementerios llenos”.
Con unas latas de chicharros en escabeche, el pan y el vino, continuamos ruta hacia el
Puerto de Piedrasluengas. Por el camino, sobrepasado Vañes, nos desviamos a visitar el
Roblón de Estalaya, quizás el abuelo de la montaña palentina. Se trata de un roble albar
(Quercus petraea Liebl.) al que le estiman, y esto por si solo justifica la visita, más de un
milenio de edad. El paseo es corto, apenas poco más de un kilómetro y 100 metros de
desnivel, pero recorre un bonito bosque mixto de roble y haya que con su sombra nos
protege del fuerte calor que aprieta a estas horas del mediodía. Tras un corto repecho, el
roblón se alza imponente ante nosotros y no podemos mas que sobrecogernos ante su
grandeza, sus más de mil años de historia en los que ni rayos, ni truenos, ni centellas, ni
siquiera el hacha del hombre ha podido con él.
Y seguimos camino hacia Picos de Europa, pero esa es otra historia.

José Salazar Villegas
Club Almeriense de Montañismo

martes, 5 de mayo de 2009

EL MONTE DE NOÉ: EL ARARAT (5.165 m)




DEL 24/ABRIL AL 2/MAYO/2.005

“Itaca te regalo un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte”
Itaca.
Konstantinos Kavafis

La propuesta y el viaje

¡El Monte Ararat! Un volcán de cerca de 5.200 metros situado en pleno Kurdistán
turco donde, según cuenta la Biblia, Noé quedo varado con su arca llena de animales.
Interesante propuesta, aunar en una pequeña expedición historia, mitología y alpinismo.
Si a ello unimos una compañía de lujo... ¡A qué esperamos para preparar el petate!.
El domingo 24 de abril salimos camino de Madrid donde nos espera el resto del
grupo. El día siguiente, volamos a Estambul, adonde llegamos con la puesta de sol. Los característicos minaretes de las mezquitas otomanas nos indican que estamos ante las puertas de Oriente. Poco tiempo tenemos para disfrutar de esta hermosa ciudad, mañana nos espera otro madrugón, todavía tenemos que atravesar este país.

A la mañana siguiente, tras unas 2 horas de vuelo, aterrizamos en Van donde llueve
copiosamente. Desgraciadamente, el mal tiempo en el noreste turco va a ser una de las
tónicas habituales durante esta expedición. Nos “enlatamos” en una furgona y salimos sin demoras para Dogubayazit. Es un trayecto largo, 175 Km, de unas 3 horas, por aceptables carreteras. Tenemos que detenernos en un par de controles militares, no hay que olvidar que estamos en el Kurdistán turco y que esta es una zona conflictiva que exige un visado especial para su visita. La lluvia continua cayendo de manera incesante durante todo el día.
El paisaje va haciéndose más interesante a medida que vamos ganando altura y nos vamos introduciendo en un entorno cada vez más montañoso, con bravos ríos y montañas cubiertas de nieve a ambos lados. La frontera iraní queda a nuestra derecha, muy cercana a la carretera. Tras un puerto de montaña de 2.600 metros, la carretera desciende hacia el altiplano donde se ubica Dogubayazit, a unos 1.600 m de altitud. Tras instalarnos en nuestro hotel nos vamos de visita turística al Palacio de Ishak Pasa, unos bonitos restos arquitectónicos del siglo XVII.

La montaña.

El miércoles continúa muy, pero que muy nuboso, pero al menos no llueve. Hoy es
nuestro primer día de monte. Cargamos de nuevo los petates en la furgona y salimos hasta
el punto donde se acaba la carretera y, teóricamente, nos deben de estar esperando los caballos. Este punto se ubica a 2.000 metros de altitud. Cuando llegamos, sorpresa, somos nosotros los que los tenemos que esperar un buen rato. Finalmente llegan los caballos, los cargamos y bajo una incipiente lluvia, salimos camino del Campo Base. Al poco de salir (2.100 m altitud) atravesamos una pequeña aldehuela de pastores kurdos. Los pocos crios que hay salen a nuestro encuentro en busca de alguna golosina. Poco a poco nos va envolviendo una espesa niebla y, ya cerca del CB, la lluvia se transforma en nieve. La nieve impide que los caballos lleguen hasta el mismo CB por lo que tenemos que portear nosotros mismos los petates los últimos 500 metros. Montamos las tiendas y nos instalamos. El CB esta situado a unos 2.900 metros de altitud en plena vertiente Sur del Ararat que es por donde vamos a intentar ascender a este volcán. Con la tarde el tiempo empieza a mejorar e
incluso sale el sol. Con las ultimas luces podemos disfrutar de la primera visión de nuestro objetivo, el Monte Ararat.

Vuelve a amanecer muy variable, nuboso y con mucho viento. Hoy toca alcanzar
nuestro Campo de Altura que situaremos a unos 3.800 metros. La ruta es muy evidente
desde el CB. Se inicia por un largo y poco inclinado corredor de nieve flanqueado por unas lomas rocosas, que acaba ensanchándose hasta formar una amplia pala de mayor pendiente por la que se sube prácticamente directo hasta el Campo de Altura. Va a ser una muy dura prueba para los que vamos a pata, ya que la nieve recién caída está muy blanda. A mitad de la ascensión se mete una densa niebla que afortunadamente acaba abriendo un poco, pero llegamos al Campo de Altura (3.780 m) envueltos en el mal tiempo. Hay solamente una tienda con dos austriacos. Todavía nos queda trabajo: hay que hacer las plataformas para nuestras 5 tiendas. Pronto comienza a nevar. Nos toca una larga tarde de espera en el interior de las tiendas con malas vibraciones por la persistencia del mal tiempo.

El viernes no nos da una tregua. El tiempo continua muy inestable: cuando no cae
una fuerte nevada, el viento arrecia o la visibilidad es nula. Pronto está claro que hoy no va a ser el esperado día de cumbre. Nuestros vecinos austriacos se dan por vencidos y se bajan al CB. También pasa de bajada un grupo de esquiadores suizos que a unos 4.100 m de altitud han decidido renunciar a la cumbre por las condiciones atmosféricas e incluso, según afirman, el posible riesgo de aludes. Nuestra moral empieza a resentirse, al igual que nuestros vacíos estómagos, ya que hemos subido víveres para un solo día y empieza a escasear la comida. A pesar de todo, acordamos que agotaremos nuestras posibilidades.

Toca día de encierro en las tiendas y régimen alimenticio. Tras una intensa nevada a ultima hora de la tarde, el cielo luce estrellado. ¿Será mañana el día de cumbre?. Como dicen por aquí: ¡Insh Allah!
Por estas tierras amanece muy temprano, así que pronto nos damos cuenta que
continua despejado. Nuestra paciencia parece que obtiene sus frutos. Rauda y veloz corre la noticia de tienda en tienda: ¡a vestirse, que hay que salir para cumbre!. Tras equiparnos rápidamente, fundir algo de nieve y desayunar frugalmente (casi no queda comida), salimos para arriba. Pronto me doy cuenta que la nieve me va a hacer sufrir cantidad. A pesar del trabajo del compañero Salvi, la huella no acaba de quedarse bien marcada por la escasa consistencia de la nieve.

La ascensión consiste en sus dos primeros tercios en dos grandes palas de nieve,
separadas a unos 4.100 m por un brusco cambio de pendiente. Este punto de inflexión se supera por sus flancos laterales. Nosotros optamos por un corto corredor situado a nuestra izquierda (Oeste) que obliga a los esquiadores a echarse las tablas a la espalda. A partir de aquí se continua por la segunda gran pala de nieve, algo más inclinada que la primera. Hay que ir escorándose a la derecha (Este) y a los 4.500 m, protegidos bajo un gran bolo (hay un poste metálico), se dejan los esquís, se calzan los crampones y se continua ascendiendo entre grandes bloques de basalto blanqueados por la ventisca, hasta alcanzar la arista cimera. Desde allí se empieza una larga travesía a la derecha (Este) hasta la cima principal.

A partir de los 4.500 m pierdo contacto visual con el resto del grupo. El viento
empieza a arreciar y la zona de cumbre se empieza a cubrir por espesas nubes. El frío me deja muy doloridas las manos mientras me pongo los crampones y, aunque coincido con un grupo de esquiadores italianos que me han alcanzado en la subida, pronto tengo claro que la ascensión ha terminado para mí. Ya de vuelta en el Campo de Altura me congratulo de que el resto del grupo haya conseguido la anhelada cima en unas muy duras condiciones, con fuertes vientos cercanos a los 100 Km/h y escasa visibilidad. Son los únicos que lo consiguen, la montaña está poco generosa y a unos 5.000 m, echa para atrás al grupo de italianos que venía por detrás. Una vez reagrupados, queda la tarea de desmontar el Campo de Altura e iniciar un rápido descenso al CB donde nos esperan los muleros.

En el CB, reorganización de petates, rápida comida y otros 1.000 metros de desnivel
más de descenso hasta donde nos espera la furgona. Desde allí, largo viaje de vuelta hasta Van, donde sobre las 1:30 acaba este maratoniano día.

ESTAMBUL

Nuestro ultimo día en Turquía lo dedicamos a una rápida visita turística por la
bonita ciudad de Estambul. Para nuestra decepción, el Gran Bazar está cerrado los
domingos. Aun así hay mucho que ver y poco tiempo para ello. Nos deslumbramos con la
belleza de la Mezquita Azul con sus seis minaretes (merece la pena pagar las 30 nuevas liras turcas por grupo de la visita guiada). Me despido como es debido, con un baño turco, masaje incluido en el Hamán Público de Cemberlitas que data nada menos que de 1.584.
Casualmente, casi todo el grupo coincide en este peculiar sitio. Aunque el masaje no es gran cosa, resulta una despedida apropiada de este país.
Esta vez la montaña no me ha dejado subir, pero no importa. Interiormente recito
los versos de Kavafis con los que abro este artículo...¡El Ararat me ha regalado un hermoso viaje!

Jose Salazar Villegas-Club Almeriense de Montañismo


ALGUNOS DATOS PRACTICOS

El Monte Ararat se sitúa en el Kurdistán turco. Esta es una zona conflictiva en
donde a la cercanía de fronteras “calientes” como Irán, Armenia o el mismísimo Irak, hay que sumar las esporádicas acciones de la guerrilla turca del PKK. Por tanto, para viajar hasta allí es preciso obtener un visado especial. La gente es por lo general muy agradable y no atosigan al extranjero. Todo está limpio y se puede comer en la calle sin problemas, no nos olvidemos que Turquía es casi Europa. La moneda es la nueva lira turca que, ojo, equivale a 1.000.000 de las antiguas liras. El cambio de 1 Euro esta en torno a 1,76 nuevas liras turcas. El país en general es bastante más económico que España y en las compras vale la pena ejercitar el noble oficio del regateo. Vayan algunos precios indicativos:

Cerveza local (1/2 l): 5 nuevas liras turcas (menos de 3 Euros, y eso que
estamos en un país mayoritariamente musulmán).
Agua (1 litro y medio): 2,5 nuevas liras turcas (1,4 Euros)
Cena para 11 personas a base de pinchos, pizzas turcas, ensalada, cerveza y
coca cola a tutiplen, café y te. Sin miserias: 185 nuevas liras turcas (unos
105 Euros).
Baño y masaje turco: 28 nuevas liras turcas (16 Euros, caro, para guiris).
CD de música turca, geniales: 16 nuevas liras turcas (9 Euros)
Caja de té de manzana, muy típico: 7 nuevas liras turcas (4 Euros)

domingo, 3 de mayo de 2009

kiko en el camino

¡¡Hola amigos!!


Aquí dejo algunas fotos que hice en el Camino de Santiago en junio del 2008.

Fueron 25 intensos días llenos de madrugones, de frío y calor, de lluvia y
barro, de polvo y sudor, pero también y a lo largo de más de 700 kms. de
pateo hubo risas y buen vino, buenos amigos y mejores recuerdos.
Mi "Camino de Santiago" estuvo lleno de : espectaculares amaneceres, de la
monumentalidad de Navarra, de los verdes viñedos de Logroño, de infinitos
mares de cereal en las tierras de Burgos, de la monótona e interminable
llanura palentina, de la austera montaña del Bierzo en León y de las
estrechas vereas perdidas en los mágicos y oscuros bosques de Galicia.
En definitiva, fue un viaje lleno de paisajes que quedan para siempre en la
retina del peregrino junto a los recuerdos y vivencias que los acompañan.
Sólo quiero animar a todos aquellos que estén interesados en hacer el
"Camino" porque es toda una experiencia.

Un saludo. Kiko.-"

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CLUB ALMERIENSE DE MONTAÑISMO (Fundado en 1972)




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