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jueves, 26 de marzo de 2009

Subir no tiene gracia si luego no te hartas de bajar

El domingo pasado, 21 de Junio para más señas, salimos José Álvarez (el Quillo) y un servidor (Emilio Castellana) a pasear por el monte.
Quedamos emplazados a las seis de la mañana para que nos diera tiempo a hacer lo que teníamos en mente. Aunque era el día más largo del año y se suponía que habría luz de sobra, no queríamos que nos pillara el toro.

Paramos en Ugíjar para darnos un homenaje gastronómico, y unas cuantas curvas después llegamos a Trevélez.
Después de comprar pan de hamburguesa empezamos a subir por angostas callejuelas hasta llegar al inicio del sendero que nos llevaría a Siete Lagunas.
Ya sabéis como es esto, después de mucho andar y algunas paradas técnicas llegamos a nuestro primer objetivo.

El paraje de Siete Lagunas estaba espléndido. Festival de colores, azules, verdes, blancos ... y como no, la variedad de tonos que componen las rocas de las cumbres de Sierra Nevada.
Después de reponer fuerzas seguimos la ascensión. Nuestro siguiente objetivo era el rey, el Mulhacén. En este tramo tuvimos que ponernos el forrillo porque el viento venía más frio que caliente.
Y por fin llegamos a la cota más alta de la península Ibérica, 3482 según unos ó 3478 según otros. Bueno lo dejamos en 3480 y así no se pelea nadie.
La cumbre estaba inusualmente vacía. Toda para nosotros. Al rato llegó una familia de origen británico que nos ignoró sobremanera, que les zurzan nos dijimos y seguimos comiendo y haciendo fotos.

Un detalle lamentable para mí, la hornacina tenía el cristal roto y su interior había ardido por completo. ¿Gamberrada o tal vez un rayo? me temo lo peor.

Decidimos hacer la vuelta por el Chorrillo, ya que ninguno de los dos lo habíamos hecho antes. Y creo que ha sido la primera y la última. No es que sea fea en sí, pero es bastante pesada. No quiero ni pensar cómo debe ser cuesta arriba.
Por fín llegamos a Trevélez. Después de insuflarnos energías varias en forma de cervezas (la mía sin alcohol) y tapas del lugar, nos decidimos a volver a nuestras casas respectivas.
Una espesa niebla nos acompañó hasta llegar a Berja, haciendo la vuelta agotadora.
Ah, también nos trajimos dos jamones de recuerdo. Si es que no podemos pasar por donde lo venden.







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