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lunes, 18 de mayo de 2009

HIELO 2006 - ALPES

Este es un relato abreviado de “la excursión” que hice junto al
amigo accitano Antonio a los Altos Alpes franceses para escalar
sobre sus afamadas escuelas de hielo.
Tras varios intentos para ir a escalar sobre las incomparables
cascadas del circo de Gabarnie, no la falta de hielo, sino la
sobreabundancia de nieve sobre las terrazas superiores de las
cascadas nos obligaron a cambiar de objetivo, a cambio eso sí, de
tener que hacer muchos más kilómetros a cambio de menos
escalada para llegar nuestra deseada nueva meta.
Contábamos con escasamente una semana, incluidos los dos días
de viaje del mes de febrero, exactamente entre el 21 y el 26. Así
que rezábamos para que el tiempo “se portara” y pudiéramos
aprovechar “a tope” los cuatro días que realmente nos quedaban
para “pinchar”.
Partimos la madrugada del lunes desde Guadix donde me
trasbordo al coche de Antonio. Él ha dormido algo así que yo
aprovecho para echar una cabezadita. Pasamos la Península a
base de dejar billetes en los peajes y gasolineras. Nuestro
primer destino es localizar el refugio en el que centralizaremos
nuestras futuras actividades. Este no sabemos exactamente
donde se encuentra solo que dentro del término municipal de
Crots, municipio sito en el camino a la cercana frontera con Italia
y cercano a ciudades como Embrun y Briancons.
A base de fallos y semiaciertos conseguimos dar con la “guîte”
“la Draye”, que se haya en un ambiente auténticamente alpino,
rodeada de picos, bosques y la tan temida abundancia de nieve,
que hace temer a Antonio una “encerrona” en caso de “que se
lie”. El lugar y su ambiente puede más que el temor y hacemos el
traslado de la abundante “impedimenta” hacia nuestra coqueta y
cálida habitación.
Antonio ya ha estado por estos lares y es el que ha programado
el orden de las cascadas que vamos a escalar. Para la primera
jornada vamos a ir a un farallón que tiene varias pero entre las
que sobresalen dos que serán nuestro objetivo en las dos
primeras jornadas.
A las 5 de la mañana suena el despertador y sin pereza bajamos
al comedor para hacer acopio de un abundantísimo y variado
desayuno. Partimos de noche cerrada. Nos dirigimos a la estación
de ski de Ceillac, donde comienza a clarear y en la quietud
absoluta hacemos el corto acceso que nos lleva a “Les formes de
chaos”, cascada de resaltes de 300 metros – III/4.
No es difícil y el hielo en general es compacto. Por supuesto no
estamos solos por mucho rato y aparecen otras cordadas que
toman variantes diferentes, así que todo se desarrolla en
armonía.
Una vez en la cumbre conseguimos dar con una pisoteada
vereda de nieve que nos devuelve a pié de vía y al parking donde
debido a la oscuridad habíamos dejado el coche mal aparcado.
Pedimos “disculpas mil” y nos libramos “de una buena”.
En esta época se desarrolla una “semana blanca”, que hace que
la estación esté “a tope” y haya montones “de rebaños”
consistente en un ducho monitor seguido de “una retahíla de
imberbes” a su espalda formando un gracioso y liliputiense ballet.
Regresamos al refugio donde ponemos todo el material a secar
cerca de los radiadores, tomamos unas “birras” mientras
hacemos acopio cultural en una coqueta y “afrancesada”
biblioteca, junto a la calidez de la chimenea. Tenemos nuestra
primera amena y enriquecedora charla con Jean Marc, a la sazón
dueño de la guîte, hispano parlante y montañero, fotógrafo
excepcional y consumado andinista.
Tras la opípara cena nos retiramos razonablemente temprano,
para nuestra segunda jornada alpina. De nuevo iremos a la misma
escuela, pero cambiando de cascada ¡claro¡. Esta vez haremos una
más corta pero de mayor nivel. “Sombre Heros”, 100 metros
II/5, será “nuestra pareja” por unas horas.
Es más fina y más fotogénica. Tras hacer la cascada, “jugamos”
un rato sobre una chorrera con seguros fijos en la roca.
Recibimos, por supuesto, la visita de otras cordadas, pero de
nuevo en armonía.
En la madrugada del viernes 24 y tras desayunar, esta vez
cambiando de escenario recalamos en un barranco muy cercano a
nuestro refugio y también próximo a una estación de ski, en este
caso “Les Orres”.
Ya desde enfrente vemos que esto va a ser otra cosa, eso sí
contamos con la ventaja de que Antonio ya ha surcado la elegante
cascada, con tres verticales resaltes llamada “Dancing fall”, 100
metros II/5.
En esta ocasión nos adentramos en un lugar más apartado y
montañero, aunque entrada la mañana nos llegaran los ruidos de
autocares, voces y remontes, pero lejanos.
Tras una aproximación más entretenida nos situamos bajo un
primer resalte realmente vertical y con hielo de calidad. Un grajo
nos saluda amistosamente. Día fantástico.
La escalada en algunos tramos juega con la roca de un espolón.
Los seguros entran y salen bien. Nadie viene a turbar nuestra
actividad. La verdad es que sería peligroso para otra cordada, ya
que lo que cae, aunque no es mucho toma rápidamente la vertical
hacia pié de vía.
Una vez en la cumbre unos rápeles nos llevaran de nuevo “al
suelo” y de aquí “a casita”.
Visita turística a Embrún por la tarde y tras un nuevo rato de
“cultura gabacha”, de amena charla andina con Jean Marc, cena
contundente, variada y sabrosísima y a dormir.
Para el último día de escalada dejamos el más conocido “valle
de Freissinieres”. Ya es sábado y mañana deberemos estar en
nuestra tierra para que Antonio pueda y a “cumplir” con sus
obligaciones el lunes.
Esta nueva zona se encuentra más retirada de nuestro refugio,
pero ofrece muchísimas posibilidades, aunque la mayoría “de
nivel”.
Pasado un pueblecito de cuento llamado “les Viollins”, “pié a
tierra”. Allí damos con otros “osados” que se dirigen a
“engarrancharse” por “los chupones”.
Sin prisa cada uno tira pa su sitio. Nosotros hacemos una visita
por una cómoda pista que recorre el valle para ver que haremos,
finalmente decidimos regresar y hacer una vellísima cascada que
se encuentra frente y por encima de “les Viollins” y que se llama
“Cascada des viollins” 150 metros – III/6, pero al llegar vemos
que ya hay otra cordada, más eso nos amedrenta y decidimos
entrar por una variante quizás menos elegante, pero quizás más
complicada que hay a su izquierda.
El hielo es superior. El patio sublime, y el ambiente total.
Realmente todo en este singular enclave es fantástico. Por
suerte en el descenso llegamos “al suelo” sin tener que montar un
descuelgue sobre “abalakov” como intuimos al principio.
Tras consultar en un ciber/café de Embrun sobre las
condiciones del tiempo para nuestro inminente regreso “a la
patria”, hicimos nuestra “última cena”, despedidas, reunificación
del imponente esturreo de todo tipo de materiales y pertrechos
por nuestra ya añorada morada. Nuevo y madrugador despertar.
Ultimísimo desayuno y “carretera y manta”.
La lluvia nos acompañó persistente en nuestro rápido
deambular y cercana a la localidad granadina de Baza, casi no
deja bloqueados en un nevazo imponente y un caos
automovilístico. Con mucha suerte y decisión pudimos
“volatilizarnos” del embrollo y llegar a Guadix. Cambio de la
impedimenta y un rato después aquí me tenéis, para que lo que
gustéis (esto último es solo una frase ¡eh¡).
Algunos datos (posiblemente) de interés
Datos kilométricos:
De Guadix a la frontera francesa: 983 kilómetros.
Desde Guadix a la guìte d´etape “La Draye”: 1.510 kilómetros.
Desde “la Draye” hasta la estación de “Ceillac”: 50 kilómetros.
En aproximaciones a las zonas de escalada: + - 500 kilómetros.
Total ida y regreso: + - 3.500 kilómetros.
Otros datos:
Gasto gasoil total: 270 euros.
Gasto peajes total: 165,70 euros.
Gasto estancia guîte la Draye (5 días media pensión): 349 euros
Total gastos comunes:
Gasolina; Peajes; Estancia y otros varios: 934, 36 eurazos.
Emilio Ibáñez Allera

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