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martes, 26 de julio de 2016

ENTRE LAGUNAS, CUMBRES Y VASARES

Charlando acerca de la excursión, mientras desayunábamos en Huéneja, no creo que fuéramos conscientes de lo que nuestros cuerpos iban a dar de sí. 

Partíamos del concepto de ruta “abierta y consensuada”, es decir, fuego a discreción. Ahí está la sierra y aquí unos amigos dispuestos a zascandilear por donde ella nos deje. 

Y así fue que el recorrido surgió entre decisiones razonablemente acertadas quedando todos bastante satisfechos.

















De la Hoya de la Mora, cuyos aparcamientos estaban abarrotados, comenzamos a subir hasta el Veleta. La altura y el poco descanso de la noche anterior, en algún caso, van haciendo mella en el personal pero un ibuprofeno y una buena conversación montañerística hacen milagros. 

Al llegar a las posiciones nos asomamos al corral del Veleta a comtemplar las nortes y hacernos una idea de por donde vamos a andurrear.





Una vez alcanzada la cumbre, tras un trago de poción mágica y las obligadas fotos, proseguimos camino hasta La Carihuela, en cuyo refugio reponemos fuerzas con algún alimento más contundente. 




Bajamos por el paso de los guías y continuamos por la pista hasta el atajo que nos permite acceder a la laguna de La Caldera evitando rodear Loma Pelada y pasar por el refugio Pillavientos. 






















En La Caldera hacemos una parada para decidir si acampar por allí o continuar. 

Tras ver las posibles alternativas de la ruta, y ante la ausencia de agua para recargar las cantimploras y la presencia de viento incómodo, optamos por continuar hasta el Collado del Ciervo y bajar a La Laguna de la Mosca para pasar la noche allí. Dicho y hecho. Por cierto, bajando nos cruzamos con "la familia de Jaén", viejos conocidos desde la época en que el club organizaba las  travesías de resistencia.





Ésta laguna, la de La Mosca, y su entorno es de lo más espectacular de la Sierra. Resguardados del viento por la imponente cara norte del Mulhacén disfrutamos de una noche casi mágica. Cenamos compartiendo alimentos y sentimientos. 


Al ocultarse el sol tras las montañas la temperatura empieza a descender de manera súbita y nos abrigamos dentro de los sacos. Un ligero primer sueño y al abrir los ojos podemos contemplar el cielo más impresionante que recuerdo. Primero inundado de estrellas y luego iluminado por una luna que, aún sin estar llena, luce como nunca haciendo parecer que ha llegado el día. 
La noche trascurre tranquila salvo por la visita inoportuna de un pequeño zorro empeñado en aligerar el peso de nuestras mochilas. 
El termómetro baja a 6º C, pero la ausencia de viento hace que no tengamos sensación de frío. 


Temprano en la mañana vamos saliendo de los sacos poco a poco y acicalándonos para afrontar una jornada de pura montaña veraniega. 



Nos adentramos en el Vasar de la Alcazaba superando espolón tras espolón hasta llegar a un punto que nos parece accesible para atacar la cumbre. Queremos evitar llegar a los Tajos del Goterón y mucho menos tener que ir hasta la Piedra del Yunque. Eso nos retrasaría bastante y a la vez incrementaría los kilómetros de la ruta. 


Lenta pero paulatinamente vamos ascendiendo. Por momentos, avanzar resulta penoso y algo expuesto. Nos vemos obligados a ir superando pasos delicados hasta que al fin alcanzamos, de manera insoslayable, la cima de La Alcazaba. 
Fotos de rigor y satisfacción por lo logrado. 

Es de lamentar el percance que sufre un componente del grupo al impactar una piedra suelta contra su nariz. A pesar de sangrar abundantemente no le oímos quejarse ni una vez y concluye la ascensión como si nada. 

El descenso es rápido. Ya en el coladero hacemos una media ladera hasta el collado que comunica Siete Lagunas con La Mosca. Bajando en dirección a ésta giramos pronto a la izquierda para coger el Vasar del Mulhacén, estrecha repisa que cruza la cara norte del gigante peninsular. 
Pasamos por algún que otro lugar donde es mejor no mirar para abajo y por supuesto está prohibido tropezar. 







Nos refrescamos con el agua que sale de la Fuente del Viejo Lobo y seguimos, poniendo todos los sentidos en cada paso hasta salir a la arista Oeste de ésta mole rocosa, a cuya cumbre hemos de renunciar por cuestiones de horario. 








Hacemos el camino de vuelta por donde hemos venido. 


Comoquiera que es tarde y las fuerzas son pocas, nos planteamos bajar en la lanzadera. 
La disyuntiva es: “Lanzadera y bajar rápido para poder disfrutar de una merecida cervecita o bajar andando de manera lastimosa hasta los coches para volver a Almería sin hacer la paradita de rigor”. 
No considero necesario aclarar que ocurrió. 

En definitiva, fin de semana completo y repleto de sensaciones extraordinarias. Gracias a todas y cada una de las criaturas que han compuesto el grupo de entusiastas montañeristas. 

Elena, Carmen, Dionis, Isaac, José “el quillo” y Emilio.

Relato costumbrista: Emilio
Fotos: Isaac, Carmen, Dionis, Emilio.
Club Almeriense de Montañismo 2016

2 comentarios:

  1. comiendo con aquarius??? por dios!!! donde están las botas de vino??? se están perdiendo las buenas costumbres!!! KIKO

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